Cuando Andy Robertson salga al campo para enfrentar a Brasil, cargará con algo más que el brazalete de capitán de Escocia. Cargará con una historia que estuvo cerca de terminar antes de empezar.
A los 15 años fue descartado. Mientras otros jóvenes avanzaban en academias diseñadas para formar futbolistas de élite, él tuvo que buscar otro camino. No era el más corto ni el más cómodo, pero era el único que tenía. Durante un tiempo, el sueño de jugar para Escocia pareció alejarse más de lo que cualquier adolescente está dispuesto a admitir.
Sin embargo, Robertson nunca dejó de insistir.
Siguió jugando lejos de los focos, construyendo una carrera desde abajo, acumulando partidos, experiencias y convicciones. No hubo un momento mágico que cambiara su destino. Hubo años de trabajo. Años en los que nadie hablaba de él y en los que el fútbol parecía una apuesta demasiado grande para alguien que había sido descartado tan temprano.
Quizás por eso su historia conecta tanto con la de Escocia.
Porque durante décadas la selección escocesa también vivió lejos de los grandes escenarios. Pasaron generaciones enteras esperando volver a sentirse parte de una Copa del Mundo. Pasaron años viendo los Mundiales desde casa, imaginando el día en que volverían a competir con los mejores.
Hoy ese regreso tiene el rostro de Robertson.
No es la estrella más mediática del torneo ni el futbolista que aparece en las portadas con más frecuencia. Pero es el líder de una selección que ha aprendido a valorar cada paso de su camino porque sabe lo difícil que fue llegar hasta aquí.
Brasil será el próximo desafío. Un rival que históricamente representa todo lo que el fútbol tiene de grande: títulos, talento y tradición. Escocia llega desde otro lugar. Llega desde la perseverancia.
Y nadie encarna mejor esa idea que su capitán.
Por eso, cuando el balón comience a rodar, Robertson no estará pensando en los trofeos que ganó con Liverpool ni en los reconocimientos que acumuló a lo largo de su carrera. Estará defendiendo algo mucho más personal: la certeza de que valió la pena no rendirse cuando otros ya habían decidido que no llegaría.
El Mundial está lleno de estrellas. Pero también está lleno de historias. Y pocas explican mejor el valor de resistir que la de Andy Robertson.
En contacto con Late!
Beto: ¿Andy, qué lugar ocupa este partido en tu vida?
Robertson: «Estará ahí en lo más alto de mi carrera y de mi vida, hay 5 millones de personas atrás nuestro»

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