El fútbol suele premiar a las estrellas. Las portadas son para los goleadores, las ovaciones para los que inventan una gambeta imposible y los récords para quienes rompen redes. Sin embargo, en esta selección francesa hay un protagonista que rara vez aparece en primer plano y que, una vez más, está demostrando por qué es uno de los entrenadores más exitosos del siglo XXI.
Didier Deschamps volvió a ganar su batalla. No la de los micrófonos. No la de las conferencias. La táctica.
Cuando Francia levantó la Copa del Mundo en Rusia 2018 era un equipo construido alrededor de la potencia física, las transiciones rápidas y un mediocampo capaz de sostener cualquier partido. Cuatro años después, en Qatar, perdió a varias de sus grandes figuras antes del torneo y aun así llegó hasta la final.
Muchos pensaban que ese ciclo comenzaba a agotarse. Deschamps hizo exactamente lo contrario. En lugar de aferrarse a la vieja guardia, reconstruyó el equipo. Cambiaron los nombres, cambió el dibujo táctico según el rival y cambió incluso la forma de atacar. Francia dejó de depender exclusivamente del talento individual para convertirse nuevamente en un bloque difícil de descifrar.
Contra Suecia dominó desde la posesión. Ante Paraguay entendió que el partido exigía paciencia y concentración. Frente a Marruecos supo cuándo acelerar y cuándo bajar el ritmo para evitar cualquier reacción rival.
Tres partidos completamente distintos. Tres planes diferentes. Tres victorias. Ese ha sido el gran mérito de Deschamps durante este Mundial: encontrar la solución adecuada para cada desafío sin traicionar la esencia competitiva de Francia.
Mientras otras selecciones intentan imponer siempre el mismo libreto, el técnico francés adapta su equipo al contexto. A veces presiona arriba. Otras espera. En ocasiones monopoliza la pelota y, cuando hace falta, acepta sufrir para golpear en el momento indicado.
No será el entrenador más vistoso del torneo, probablemente tampoco el más elogiado, pero muy pocos ganan tanto.
Con esta clasificación a semifinales, Francia alcanza por tercera Copa del Mundo consecutiva la antesala de la final. Campeón en Rusia 2018, finalista en Qatar 2022 y ahora nuevamente entre los cuatro mejores del planeta.
Los futbolistas cambian, las generaciones se renuevan, los sistemas evolucionan.. Didier Deschamps sigue encontrando respuestas. Y quizás ese sea su mayor talento. No inventar el fútbol, sino entender antes que nadie qué necesita su equipo para seguir ganando.
Porque mientras todos miran a Mbappé, Francia continúa avanzando gracias a un entrenador que hace mucho tiempo dejó de demostrar que sabe dirigir.
Ahora simplemente demuestra que sabe sobrevivir.
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