Gustavo Alfaro, el realizador de las utopías imposibles

Mundial 2026 104H

Mientras muchos entrenadores hablan de sistemas, Gustavo Alfaro habla de sueños. Por eso lo llaman el cazador de utopías imposibles, no es solamente el título de un libro. Es una forma de vivir el fútbol. Gustavo Alfaro volvió a demostrar que el fútbol todavía pertenece a quienes se atreven a creer.

Después de eliminar a Alemania en el Mundial, Alfaro volvió a regalar una conferencia de prensa que trascendió el resultado. No habló únicamente de táctica. Habló de desigualdad, de formación y del origen de los futbolistas sudamericanos.

«Ellos se forman en academias con todas las comodidades. Los nuestros se forman jugando en la calle, esquivando dificultades, aprendiendo a sobrevivir antes que a competir», fue una de las ideas que dejó para explicar por qué el corazón puede equilibrar diferencias que parecen imposibles de reducir.

No buscó minimizar el trabajo europeo. Buscó poner en valor el camino que recorren miles de chicos en Sudamérica antes de llegar a una selección.

Para Alfaro, la verdadera escuela no siempre tiene canchas perfectas ni centros de alto rendimiento. Muchas veces empieza en un potrero, en una pelota gastada y en familias que hacen sacrificios enormes para sostener un sueño.

Quizás por eso Paraguay juega como juega. Porque su entrenador logró convencer a un grupo de futbolistas de que las diferencias económicas no determinan el resultado de un partido. Que la historia puede escribirse de otra manera.

Cuando terminó la clasificación ante Alemania, resumió la noche con otra frase inolvidable: «Entraron 26 guerreros y salieron 26 leyendas». No fue casualidad.

Alfaro lleva años persiguiendo esas historias que parecen imposibles hasta que dejan de serlo. Y cuando las encuentra, demuestra que las utopías no desaparecen. Solo esperan que alguien se anime a cazarlas.

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