Hay entrenadores que construyen su legado desde los títulos. Otros lo hacen desde el anonimato. Cuando Didier Deschamps dejó la concentración de Francia para viajar de urgencia tras el fallecimiento de su madre, no hubo incertidumbre en el cuerpo técnico. El mando quedó, una vez más, en manos de Guy Stéphan, el hombre que lleva más de quince años siendo su principal colaborador y que ha aprendido a dirigir sin necesidad de buscar protagonismo.
Stéphan acompaña a Deschamps desde la etapa del Olympique de Marsella y, desde 2012, forma parte del cuerpo técnico de la selección francesa. Juntos conquistaron el Mundial de Rusia 2018, la UEFA Nations League 2021 y alcanzaron las finales de la Eurocopa 2016 y del Mundial de Qatar 2022.
Su historia, sin embargo, comenzó mucho antes. Como futbolista prometía una carrera importante, pero un grave accidente automovilístico a los 23 años cambió su vida para siempre. Sufrió múltiples fracturas y un traumatismo craneal que le impidieron recuperar su nivel. Lejos de abandonar el fútbol, encontró su lugar en los banquillos.
Dirigió clubes como Lyon y Bordeaux antes de convertirse en asistente de Roger Lemerre en la selección francesa. Allí conoció a Didier Deschamps. Cuando el ex capitán tomó las riendas del Olympique de Marsella, no dudó en llamarlo para formar un equipo de trabajo que, hasta hoy, permanece prácticamente intacto.
En Francia lo describen como el asistente ideal: discreto, leal y capaz de discutir las decisiones puertas adentro sin romper jamás la unidad del grupo. Nunca necesitó los focos para convertirse en una pieza indispensable del proyecto deportivo más exitoso del fútbol francés en las últimas décadas.
La pasión por los banquillos también continúa en la familia. Su hijo, Julien Stéphan, siguió el mismo camino como entrenador y actualmente dirige al Queens Park Rangers en Inglaterra, prolongando un apellido ligado al liderazgo desde el área técnica.
Mientras Deschamps acompañaba a su familia en uno de los momentos más difíciles de su vida, Guy Stéphan volvió a ocupar el lugar que conoce de memoria.
Porque algunas selecciones tienen grandes entrenadores. Francia, además, tiene un segundo entrenador que hace mucho dejó de ser solamente un asistente para convertirse en uno de los pilares silenciosos de toda una generación.
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