Hay jugadores que llegan al Mundial en el pico de sus carreras. Y hay otros que llegan cuando parecía que el tren ya había pasado.
Vozinha pertenece a la segunda categoría.
Durante años recorrió clubes pequeños, ligas olvidadas y países donde el fútbol rara vez ocupa portadas. Mientras las estrellas acumulaban títulos y millones, él acumulaba kilómetros, entrenamientos y paciencia.
A los 40 años, cuando muchos arqueros ya están pensando en retirarse, le tocó vivir el partido más importante de su vida: el debut mundialista de Cabo Verde contra España.
De un lado, una de las selecciones más poderosas del planeta. Del otro, una nación que jamás había jugado un Mundial.
España atacó durante noventa minutos. Remató una y otra vez. Pero cada vez aparecía el mismo obstáculo.
Vozinha.
Una mano abajo. Un vuelo al ángulo. Otra atajada imposible.
El marcador terminó 0-0.
Para España fue una sorpresa.
Para Cabo Verde fue historia.
Y para Vozinha fue la recompensa de toda una vida esperando su momento.
Cuando sonó el pitazo final, no celebró como una estrella.
Lloró.
Porque algunos partidos duran noventa minutos.
Y otros duran cuarenta años.
What do you feel about this post?
Like
Love
Happy
Haha
Sad


