Hay medallas que pesan más. No por el metal. Por todo lo que hay antes.
Kelvin Cusi subió al podio en los Juegos Suramericanos de la Juventud 2026 en taekwondo y se colgó un bronce que, en el papel, suma para Bolivia. Pero en la práctica… cuenta otra historia.
Porque el taekwondo no se juega. Se pelea. Y en este caso, se pelea dos veces: La primera, arriba del tatami. La segunda, mucho antes.
Bolivia llegó a Panamá con una delegación joven, respaldada por esfuerzo estatal, sí, pero también por historias personales que no siempre entran en la estadística: viajes largos, preparación desigual, menos roce internacional, cero en perspectiva de profesionalización en su disciplina y sobre todo con un camino por abrir para los que vienen atrás.
Y ahí aparece Cusi. Compitió. Avanzó. Perdió. Volvió a levantarse. Y terminó en el podio. Se ganó una medalla de bronce. No suena a oro, pero en este contexto, es resistencia convertida en resultado y en nuestro país una medalla de cualquier metal a este nivel, es oro a trabajar para el futuro.
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