Hay historias que parecen demasiado perfectas para ser reales. Las que Hollywood suele reservar para el final de una película. Donde los héroes sobreviven al camino más difícil, los villanos caen antes del último acto y el espectador descubre que todo lo vivido tenía sentido para llegar a ese momento.
Eso acaba de pasar en el Mundial. Después de un mes de fútbol, solo quedan Francia, España, Inglaterra y Argentina. Si alguien hubiera presentado este libreto antes del torneo, seguramente le habrían pedido hacerlo más creíble. Que no podían coincidir cuatro campeones del mundo. Que no era posible reunir a Mbappé, Lamine Yamal, Bellingham y Messi en una misma semana. Que un Mundial siempre encuentra la manera de romper los pronósticos, y sin embargo, aquí están.
Hay algo de Rocky en este torneo. No porque todos hayan sido favoritos, sino porque cada clasificación exigió resistir un golpe más que el rival. También puede haber algo de Los sospechosos de siempre, porque durante semanas el Mundial fue desviando nuestra atención. Cada ronda tenía un protagonista distinto: Noruega, Marruecos, Paraguay, Bélgica… Hasta que, cuando parecía que la historia ya estaba escrita, el último giro reveló a los verdaderos protagonistas: Francia, España, Inglaterra y Argentina.
Como en la zaga de Avengers, el Mundial entendió que un gran final necesita grandes protagonistas. Antes de llegar aquí hubo historias inolvidables: la valentía de Vozinha, la rebeldía de Osvaldo Gil, la despedida de Cristiano o de Neymar, la resistencia de los Vikingos y el fenómeno que representó Haaland. Todos tuvieron su momento bajo los reflectores. Pero las luces del último acto terminaron iluminando a las estrellas de Francia, España, Inglaterra y Argentina.
Francia contra España tiene la potencia física y la explosión de Kylian Mbappé frente al talento irreverente de Lamine Yamal, el adolescente que juega como si el escenario nunca le pesara. Una semifinal donde el presente desafía al futuro… o quizá el futuro ya esté tocando la puerta del presente.
Del otro lado aparece Inglaterra contra Argentina, uno de esos partidos que viven más allá del calendario. Una rivalidad alimentada por generaciones de futbolistas extraordinarios y que ahora suma un nuevo capítulo, desde aquella inolvidable actuación de Maradona en 1986 que no se reedita este duelo, ahora con Jude Bellingham liderando a los ingleses para enfrentar al nuevo rey del fútbol sudamericano: Lionel Messi, el campeón del mundo que sigue escribiendo páginas que parecían reservadas para la ficción.
Quizá ese sea el mayor mérito de este Mundial. No necesitó efectos especiales, no hubo dobles, no hizo falta una escena postcréditos para dejar con ganas de más. El fútbol escribió su propia película en el país donde nacen las grandes superproducciones.
Dentro de unos años quizá no recordemos cada resultado de este torneo. Pero será difícil olvidar la sensación de abrir el cuadro de semifinales y encontrarse con Francia, España, Inglaterra y Argentina. Porque, de vez en cuando, la realidad consigue algo que ni Hollywood puede garantizar. Un final que supera todas las expectativas.
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