España acababa de conquistar el Mundial. Las cámaras apuntaban al entrenador campeón, al hombre que había llevado a una generación brillante hasta la gloria. Entre preguntas sobre táctica, Ferran Torres y el título, apareció una respuesta que fue mucho más allá del fútbol.
Luis de la Fuente habló de su fe. No fue un discurso grandilocuente. Tampoco una celebración religiosa. Fue una explicación sencilla sobre cómo entiende la vida: «Rezo todos los días», reconoció el seleccionador español. Pero inmediatamente aclaró algo que sorprendió a muchos.
«Nunca le pido a Dios ganar un partido.» La razón, según explicó, es simple: sería injusto pedir que favorezca a un equipo por encima del otro. Del otro lado también hay jugadores, entrenadores y familias que han trabajado igual de duro para llegar hasta allí.
Sus oraciones van por otro camino. Pide salud. Fuerza. Serenidad para tomar decisiones. Agradece la oportunidad de seguir haciendo lo que ama y de compartir cada día con las personas que lo rodean. El resultado, dice, depende del trabajo.
Y ese trabajo terminó llevando a España a levantar la Copa del Mundo. Tras la final, volvió a repetir una frase que resume su manera de vivir este momento: «Gracias a Dios, aquí estamos.»
Para De la Fuente, la fe nunca fue una herramienta para ganar partidos. Fue el apoyo para afrontar la presión, mantener la calma y seguir creyendo cuando nadie más lo hacía.
En un deporte lleno de cábalas, rituales y supersticiones, el técnico campeón del mundo eligió otro camino: confiar en su trabajo… y agradecer cada día, gane o pierda.
What do you feel about this post?
Like
Love
Happy
Haha
Sad


