Hay entrenadores que hablan de táctica. Otros de sistemas. Roberto Martínez suele hablar de personas. Desde que comenzó su carrera como entrenador, el español ha construido un discurso que rara vez cambia, gane o pierda.
«El fútbol es una lección de vida. No siempre las cosas salen como planeas. Debemos tener valores humanos muy fuertes. Seas criticado o alabado, siempre debes ser humilde y trabajar para mejorar.» Lo dijo en la conferencia de previa al partido con Colombia en Miami y ahí nace esta historia.
No es una frase aislada. Resume una idea que Martínez ha desarrollado durante años: el resultado importa, pero nunca puede estar por encima de los valores.
Su forma de trabajar también refleja esa visión. En entrevistas recientes ha explicado que el entrenador debe crear un entorno donde el futbolista pueda equivocarse, asumir riesgos y crecer, porque los grandes equipos no se construyen únicamente con talento, sino con una cultura compartida. También insiste en que la creatividad y la libertad para decidir son fundamentales para formar mejores jugadores.
Esa filosofía ha ido acompañada por resultados.
Con Portugal ha dirigido 40 partidos, consiguió 30 victorias, levantó la UEFA Nations League 2025 y clasificó al Mundial con una campaña perfecta en las eliminatorias. Antes, llevó a Bélgica al tercer lugar del Mundial de Rusia 2018, la mejor actuación mundialista en la historia de ese país.
En total, como seleccionador de Bélgica y Portugal suma más de un centenar de partidos dirigidos y una de las mejores tasas de victorias entre los técnicos presentes en el Mundial.
Quizá por eso, cuando Roberto Martínez habla de solidaridad, respeto o humanidad, sus palabras no parecen improvisadas. Son la consecuencia de una filosofía que ha defendido durante casi dos décadas. Porque para él, antes que un juego de sistemas, el fútbol sigue siendo una escuela de vida.
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