Hay días en los que el fútbol se pone serio, incluso cuando todos juran que no. Porque al final, no existe el “partido sin importancia”: da lo mismo si es una final o una pichanga entre amigos, siempre hay algo en juego. Y por ahí va la anécdota que Gianni Infantino cuenta en su libro Forward, la revelación del fútbol: una historia que empezó como un rato para distenderse entre presidentes y amigos, pero terminó convirtiéndose en otra cosa, esto sucedió en Cochabamba, allá por 2016.
El escenario era protocolar, una visita que Infantino había promovido, con poco tiempo en el mando tras asumir como presidente de FIFA encontró un hueco en una agenda complicada y visitó Bolivia, era una visita al entonces presidente de estado, Evo Morales, que fiel a su estilo, decidió cerrar el encuentro con un partido de fútbol en el Valle, al frente Gianni Infantino que cada que tiene tiempo libre, arma partidos con amigos del fútbol.
La idea era simple: moverse un rato, reírse un poco, sacarse la foto. Los “Amigos de Gianni” contra un combinado local que Morales tenía como equipo presidencial estable con varios ex mundialistas de 1994, causalmente, Gianni invitó a Cafú, Fernando Hierro, Martín Palermo, Pablo Aimar, Faustino Asprilla, el partido tenía más historia que cualquier álbum de Panini.
Todo muy lindo. Todo muy amistoso. Hasta que empezó el partido. Los visitantes cuentan la historia desde su experiencia de jugar en una ciudad de altura, algunos ya habían jugado antes en el Siles como visitantes, pero era una experiencia para todos, y en el libro se refleja que varios «sufieron» con los 2500 metros de Cochabamba, pero la anécdota inolvidable llega al final del partido.
El encuentro terminó igualado y ahí, cuando todo pedía un “gracias por venir” y alguna última foto, Morales tiró la idea «¿definimos por penales?», silencio. Miradas. Y una respuesta, Infantino afirmó, «¡penales!».
Se decidió, por un tema de tiempos, que sea uno para cada equipo, «rapidito», sin drama. Primero pateó Infantino. Caminata corta, perfil bajo, remate firme. Gol, nada que hacer para el arquero boliviano. Listo. Bien. Aplausos. Sonrisas.
Pero entonces llegó ese momento incómodo que nadie había pensado bien: ¿y ahora? Porque claro… si el otro mete, todo bien. Empate, abrazo, foto. Pero ¿y, si Evo Morales falla?
En el arco «visitante» estaba Jorge Seré. Una leyenda del arco uruguayo que se ganó el apodo de Superman por su especialidad de tapar penales, y claro Seré no es de los que regalaban nada. Ni en un partido pactado desde el protocolo presidencial de FIFA y Bolivia.
El que ejecutó el penal fue el propio Evo Morales, que según cuentan, no estaba muy acostumbrado a perder los partidos organizados por su protocolo presidencial, y entonces, Seré le tapó el penal decisivo a Evo. Silencio rarísimo, incómodo según cuenta la anécdota del libro de Gianni. Como cuando todos entienden que algo se puede salir del libreto.
Y en ese segundo pasó de todo: caras largas, risas nerviosas, miradas cómplices, y esa sensación de “ok, esto no estaba en el plan”. El silencio se rompió con un, «bueno nos tenemos que ir a Colombia» de Gianni Infantino, y salieron del lugar con cierto apuro incómodo, «por la hora» y por una situación inusual, los locales encabezados por su presidente estaban «mal humorados» por el penal tapado que rompió la cordialidad.
Y según cuenta el libro de Gianni Infantino, se fueron a las corridas. Literal. Sin vestuario, sin ducha, sin mucho análisis. Directo al aeropuerto, como si nada hubiera pasado, aunque había pasado todo. Porque al final, ese partido que era para cumplir terminó siendo otra cosa. Una de esas historias que después aparecen en un libro, se cuentan entre risas y quedan como una gran anécdota para cada jugador que estuvo en cancha.
Porque el fútbol es así: cuando parece armado para quedar bien, aparece alguien -o algo- y lo hace real, por eso amamos este deporte, y de la mano del autor y periodista Alessandro Alciato, Forward, la revelación del fútbol mezcla recuerdos, decisiones y voces que ayudan a entender el detrás de escena de estos dies años en los que Infantino estuvo al mando de FIFA. Y el propio libro también juega su partido fuera de la cancha: todos sus ingresos están destinados al Fondo de Educación de la FIFA y a Global Citizen, en una apuesta por ese mismo poder que el fútbol repite una y otra vez, unir, abrir puertas y generar oportunidades.
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