Budapest fue testigo de una final para sufrir. De esas que no se juegan. Se sobreviven.
El Arsenal golpeó temprano. Apenas iban seis minutos cuando Kai Havertz apareció para culminar una rápida transición ofensiva y poner el 1-0 para los londinenses. El PSG quedó obligado a remar desde atrás en la noche más importante de la temporada.
Durante buena parte del encuentro el equipo de Luis Enrique tuvo la pelota, insistió, empujó y buscó espacios ante un Arsenal disciplinado, sólido y dispuesto a defender su ventaja hasta el límite.
La recompensa llegó en el complemento. Khvicha Kvaratskhelia provocó la acción decisiva cuando fue derribado dentro del área. Ousmane Dembélé tomó la responsabilidad y transformó el penal en el 1-1 a los 65 minutos. El campeón volvía a respirar.
Y entonces comenzó otra final. La del ajedrez. La de los entrenadores. Luis Enrique sorprendió a todos. A siete minutos del final retiró a Kvaratskhelia. Más tarde salió Dembélé, golpeado físicamente. Y en una decisión que pocos entendieron en el momento, también prescindió de Vitinha para refrescar el mediocampo y apostar por piernas nuevas en la prórroga. El técnico español desmontó parte de su columna vertebral para intentar sostener la intensidad hasta el último suspiro.
No hubo más goles. Ni en los noventa. Ni en los treinta adicionales. La Champions debía decidirse desde los once metros. Y ahí apareció el ADN de campeón.
PSG convirtió cuatro de sus cinco lanzamientos. Arsenal falló dos. El golpe definitivo llegó cuando Gabriel Magalhães desperdició el penal decisivo y desató la celebración parisina. La serie terminó 4-3 para los franceses.
La copa volvió a París, por segundo año consecutivo, con un equipo que ya no depende de una estrella, por un entrenador que tiene control absoluto, que juega y gana como bloque. Y que en Hungría demostró que también aprendió a sufrir como campeón. Y que encontró en Luis Enrique al arquitecto de una dinastía europea que ya es imposible ignorar.
En Budapest, la historia volvió a escribirse en francés. Y el PSG volvió a tocar el cielo.
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