Hay goles que sirven para ganar partidos y hay otros que, además, cuentan una historia. El golazo de Tonino Melgar en Oruro pertenece a los dos grupos.
Bolívar ganó y se llevó tres puntos importantes, pero en medio de la victoria apareció otra señal que puede ser incluso más importante para lo que viene: Melgar se está acomodando cada vez mejor a la idea de Alejandro Restrepo.
El entrenador colombiano decidió moverlo unos metros. Lo puso como parte del doble cinco desde que llegó, pero no para convertirlo en un volante de contención. Todo lo contrario. La intención es que Tonino tenga recorrido, que participe de la construcción, que pueda romper líneas y que llegue al área. Un volante mixto, y parece haberle encontrado el gusto a ese nuevo papel.
Desde esa posición, Melgar tiene más contacto con la pelota y también más posibilidades de aparecer de frente al arco. Puede empezar una jugada lejos del área y terminarla cerca de ella. Puede recuperar, conducir, asociarse y soltarse cuando encuentra el espacio.
En Oruro volvió a hacerlo y cuando tuvo la posibilidad, sacó ese remate que terminó en golazo -incluso con la zurda- y que terminó de ponerle firma a una actuación que habla de su crecimiento dentro del nuevo Bolívar.
Restrepo buscaba variantes para darle funcionamiento a su mediocampo y, casi sin hacer demasiado ruido, encontró en Melgar una pieza que puede darle dinámica, recorrido y llegada.
Porque el gol es la imagen que queda, pero lo verdaderamente interesante está en todo lo que Tonino está haciendo antes de llegar a ese momento, lo demostró en la Sudamericana en La Paz y en Brasil, ahora lo hizo en Oruro.
Ya no es solamente el jugador que espera una pelota cerca del área para intentar desequilibrar. Ahora también es parte del circuito que hace funcionar al equipo. Y ahí está la gran noticia para Bolívar.
Tonino Melgar encontró su lugar. Y desde ese lugar, empieza a convertirse en uno de los nuevos motores del equipo.
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